Volver a empezar

Zytlogge (Berna, Suiza)
Es seis de enero de dos mil veinte. Día de Reyes, de ilusiones infantiles y también de acabar la Navidad que arrastramos desde finales del año pasado. Acabar también puede significar empezar: empezar un nuevo hábito, por ejemplo. Retomarlo, quizá.

Me gustan los años acabados en cero, quizá porque todos necesitamos partir de cero para llegar a algún lado. Me gustan porque me cargan de energía, me creo capaz de todo (luego me pego el gran tortazo, pero no vamos a centrarnos en eso) y es tan redondito que puede ser un año perfecto. Lo será, quizá.

Es ya de noche y mi cerebro está aletargado pero despierto. ¿Cómo? La parte más física está cansada; la creatividad ansía volver. Hace muchos años que dejé que me ganasen los miedos, que forcé a mi parte creativa a una hibernación que ha durado demasiado. Más de lo previsto porque luego las letras dejaron de fluir. Antaño llenaba folios sin pensar demasiado. Ahora me cuesta escribir cada vez que me pongo. Escribo menos pero con más sentido, quizá.

Hay muchos quizás y quiero que este sea el año en que los imposibles sean posibles y los posibles, reales. Por ello estoy escribiendo estas líneas, para que sirvan de declaración de intenciones. Escribir y dibujar eran dos de las artes que más me relajaban hace una década. Para dibujar necesitaría más motivación de la actual, para escribir solo necesito perseverancia. A ello voy.

Probablemente este sea el año que menos debería retomar este hábito, porque llevo las oposiciones demasiado atrasadas (prometo remediarlo) y también es posible que en verano acabe de mudanza, pero mi cerebro siempre ha funcionado mejor bajo presión y que nunca se diga que no lo intenté.

Solo podemos ir de cero en adelante.

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