Cero a la izquierda

Escribo estas letras herida y en caliente, del tirón y sin pensar, porque solo respondo a estímulos fuertes y sé que si no lo dejaré pasar una vez más.
Esta tarde me he enterado de que ayer me quedé sin trabajo, se terminó el contrato y paso a formar parte de esa larga cola de parados. Hasta ahí no hay mucho que decir, ha pasado y es algo que tampoco es nada del otro mundo. Sin embargo, las formas duelen...
Duele haberme enterado porque he notado que había algo raro en la nómina: ayer cobré y hoy he podido acceder al detalle del pago. Había algo raro, sí, sobre todo si comparaba esta nómina con la del mismo periodo del año pasado, unos pagos que no cuadraban. Así pues he pasado a acceder a mi vida laboral y ha sido ahí donde he tenido que ver que había sido el 30 de junio el último día.
Le estoy dando mil vueltas y soy muy rebuscada, pero es lo que hay, soy así.

Haber terminado el contrato no es lo que más me molesta, aunque lo hace, claro. Me fastidia que en mi credencial, que es donde pone los datos del puesto de trabajo, consta «vacante» y, en teoría, esto me aseguraba julio y agosto pagados. Así pues, faltamos al contrato, bien vamos.
Me fastidia sobre todo que estos meses han sido un sinvivir, un agotamiento de no saber nunca si lo que haces es suficiente, además ha sido luchar contra la opinión de algunos que se creen que los profesores llevamos desde marzo de brazos cruzados. ¡Ja!
En junio, por otra parte, he estado sábados y domingos, pasando mil horas frente al teclado y el monitor... sin descanso pese a que, ¡oh, sorpresa!, estaba a media jornada.

Después de todo lo que siento es que el esfuerzo ha sido casi en vano, que nadie ha tenido siquiera la deferencia de avisar de que esto se acababa, que para los responsables de este tinglado llamado educación somos unos números. No, unos números no, un solo número: un cero a la izquierda.

Comentarios