Estoy segura de que el título de esta entrada será el pensamiento de muchos al leer una noticia (o cómo mínimo el titular) que ha salido hoy en un diario regional. «Menuda panda de vagos son los profesores».
Claro, porque la noticia hablaba sobre el hecho de que el jueves 1 de diciembre las clases terminen a cuarta hora para permitir que los profesores vayamos a votar a nuestros representantes sindicales. Evidentemente, el planteamiento no era este, sino que los profesores vamos a poner trabas en la conciliación familiar cuando podríamos ir a votar después de que termine nuestra jornada laboral. La guinda del pastel era añadir que esta circunstancia solo se va a dar en los centros públicos, porque los privados y concertados sí iban a continuar con sus clases hasta el final de la jornada.
¿Qué declaraciones han elegido para ilustrar la noticia? De padres y madres. ¿A quién han silenciado? Al colectivo agraviado, faltaría más. Las dos horas de permiso para ejercer el derecho a voto son un derecho ganado, uno de los pocos cuando parece que todo se vuelve en contra y la docencia es menos atractiva que nunca. Querer y poder votar a los representantes sindicales es para poder mejorar nuestras condiciones laborales.
Unas mejores condiciones para también atender mejor a su prole, queridos padres y madres tan profundamente afectados e indignados. Que votemos en el recreo, sugerían algunos. En ese recreo que este jueves no voy a tener porque ya tengo una reunión de equipo docente porque hay un grupo donde dar clase es prácticamente imposible, ¿no? En ese recreo cuya media hora de descanso es la única que tengo en esa jornada, en la que acabo mental y muchas veces físicamente exhausta. Pero claro, es que ¡qué bien vivimos!
Como una vez oí responder a un compañero: «Las facultades están abiertas para todos». Si tanta envidia les genera nuestra labor, estudien los años necesarios, opositen y ármense de paciencia, porque todo lo que hagan nunca será suficiente y cada gramo de paciencia será necesaria. Paciencia para aguantar los ataques de familias, gobierno, prensa y alumnado. Paciencia para vivir en un eterno día de la marmota.
Acabo de leer una experiencia de clase de un profesor de inglés en Francia. Desde la primera a la última línea podría haberla escrito yo, profesora de francés en España. Un profesor que va a cesar a final de curso porque ya no puede más. No me extraña. Cada día tenemos menos derechos y nos quieren hacer sentir culpables por defender los pocos que nos quedan.
Hice huelga el pasado jueves. Fui a la concentración. Votaré este jueves en las elecciones. Aún me queda un poco de esperanza. Ya veremos cuánto me dura.
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